domingo, 12 de diciembre de 2010

I

De qué me sirven las palabras
que ahuyentan los propios labios
de qué la imágen marchita
en el último cajón

Aquí la inocencia
oculta su congoja
entre el viento
que juega a maquillar árboles

Pero es la palabra verdadera
la que pasa de mano en mano
en busca de una insignia indiscreta
y solo yo
se aferra a este pueblo
como el habitante de cuyas calles
presagian un destino incierto

No hay ojos
leyendo estas palabras
y el contacto con los dedos
es el juego del luche
haciendo trampa.

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