miércoles, 25 de junio de 2008

Para aquellos que no me oyen


Para aquellos que no me oyen

porque su lengua vas tras ese oído traidor y seductor,

porque sus ojos se posan en desganado cuerpo destruidos

porque su habla es vacilante y perdido como su propia alma

porque el viento les encanta con su sonrisa escalofriante

Para aquellos que no me oyen

porque no son capaces de escuchar la música de sus esferas,

porque se refugian en ese humo de viciada calaña

porque los ruegos siempre van donde no hay colores que los cobijen

porque su paso es una constante mordida de perro

porque sus dientes sólo gritan monedas, monedas.

Para aquellos que no me oyen

Para aquellos que optaron por desandar en su paso burlesco

Para aquellos que se visten con el sello de la ignorancia

Y para los niños,

que optaron por la buena opción de jugar

Mis palabras teñidas en el diván de mi hogar.



Hombre cojo, mujer sabia.


Hombre cojo,

desterrado de tu presente

siempre mirando al pasado,

traes a cuestas el yugo de tu infamia.

Azotas los ojos de los que te roen

notando que te haces más polvo que aliento.

Tu paso desbalanceado, tu corazón calcinado,

siempre busca esa llave extirpada

y esa mirada de decepción a punto del estallido.

Hombre cojo, mujer sabia

ambos unidos por ese lamentable horizonte.

Mujer sabia,

la única capaz de hablar con los dioses

purifica su canto con cada acorde de amor simétrtico

pero llora desde su propia noche,

la partida de su estrella hermana

busca en los tesoros sólo para hallar recuerdos desvelados.

Capaz de labrar los cielos, de purificar las paredes mortales

desanda con su sabiduria

recogida de los pastos más tiernos y escazos.

Mujer sabia, hombre cojo

bastón en mano,

lluvia de romances sin andamio,

Juntos en esa contradicción

el día que odia su sol,

la noche que denigra su luna

van caminando tras la ribera de los lamentos

mezcla de amargor

mezcla de traicionero amor.

miércoles, 18 de junio de 2008

Sortilegio a la mujer embalsamada


Me vuelvo murciélago en el viento

al yo pensar en esas miles de veces

tú y yo, y ese gentío llamado mundo.

Oler tu cuerpo

produce esa lascivia tentadora,

dominadora de cualquier artificio.

Ahí puedo yacer en ese hartazgo

mezcla de hombre-animal

en esa rueda que gira interminable

por las fronteras de nuestro pecado.

Culminar ese orgazmo en el que se desea

el alejamiento de las estrellas,
es como parto de enamorados recien nacidos.

No puedo pensar en tí,

sin pensar en ataúdes románticos,

un cuerpo llamando a otro cuerpo álgido.

¿Por qué cada beso va en busca de ese hambre,

de esa palabra que anuncia nacimiento,

llamar con su grito

el solticio que se nos antoja inberbe?

Mujer,

vuélvete a tu centro,

a esa marejada que arrastra tus cabellos.

La noche ha dejado vestigios en tus pupilas.

Ese beso que no es capaz de volverse Invierno

te espera....

lunes, 16 de junio de 2008

Referéndum


Para qué hablar de mí,

si ya vengo de haberme revolcado en esa lengua bífida

tiempo, espacio, mundo.

Cinturas y senos de esta vida.

En cuánto a la ciudad

despojos.

En cuanto al amor,

recuerdos y renuncios.

En cuanto a las aves,

latidos que se aprestan a morir en esta mano.

Y sólo quedan peldaños de escarmiento

de susurros venidos de aquel cuerpo neurálgico

torbellinos, convulsiones, carcajadas espeluznantes.

BESA A TU HOMBRE

TENDIDO

EN SU LECHO

AMOR- MUERTE


miércoles, 11 de junio de 2008

Rostro distante


Con este frío
pienso en tu cabello

que se debe estar agitando
en ese tormentoso sigilo

en esas manos que sólo saben golpear puertas cerradas.
Con cada giro,

un rostro sueña que duerme,
la llave que nunca supo continuar,

el desgasto de cada lágrima que canta
relinchos de invierno que me hacen pensar en tí.

Siempre hablo a los oidos que cuelgan inertes,
a ladridos que contraen sus viejas nupcias.

Cuando pienso en tu rostro,
un perfume se desnuda entre viento y nariz

una palabra se enreda en las estrellas
junto con las otras que vuelan ciegas.

Cuando pienso en tu rostro,
el tiempo muestra su cruel quijada.







lunes, 2 de junio de 2008

Confesiones


Soy bestia umbilical, delgada y andariega,

con un aire de pájaro en la calle.


Atado a los semaforos

por ley irrevocable.

Suelo ser atacado por mis hábitos

y por los vendedores ambulantes

que me auscultan la cara

de bar destartalado y decadente.


Amo la ciudad más que a nadie:

las calles y edificios,

noches pobladas de mamíferos

domésticos y astutos, que transitan por bares

y beben, y comen, y se ríen, y se ríen, y se mueren.


Soy bestia siempre en celo,

pájaro individual, enfermo.


Confiado ciegamente en mis zapatos,

no me pierdo un detalle de lo que está pasando, que es muy grave.


Me entristecen los hombres, me deprimen

sus orejas, sus dientes, y las blandas

extremidades; las ojeras;

y los rostros desérticos, tortuosos;

bigotes, anteojos, pelos, anillos, monedas;

cigarros defendidos contra viento y marea; el fraudulento

pudor de las camisas;

y el orgullo, ese orgullo inconcebible...


Sobre todos,

los hombres que van solos por el mundo,

unánimes espaldas, hombro, rabia.


¡ Voltear los autobuses y tocarles

las orejas a los absurdos transeúntes,

saber de abuelas suyas y de hermanas

y de la fecha atroz en que nacieron!


Cordialmente, aborrezco

a los hombres de gafas que saludan

suficientes, constreñidos,

con una mano blanda, lisa, como de nieve

y se vuelven, y mueren

de cara al periódico;

a todos los que pasan

las horas entre muros y aguardientes

perpetuando la fiesta de este mundo.


Extraña la ciudad cuando parece

no haber nadie, ni voces de Zutano o Mengano

cuando una sombra inmensa, resollando,

se descuelga de muros, y se manda a cambiar,

de una vez por todas, a un patio sin hambre;

aunque haya transeúntes

con ojos de paloma y pecho duro,

y algunos que se tienden en las calle

con un olor a muertos

y a padre avejentado por sus sueños.


Ninguna novedad hoy en la tarde.

La ciudad y su curso inevitable.

Yo, bestia umbilical, pájaro enfermo,

he de seguir de noche

atado al parpadear de los semáforos,

a la misma ciudad donde parece

ya no habita nadie.





domingo, 1 de junio de 2008

Mariana


Una mujer venida de quién sabe dónde

vociferada por la luna,

e hija del destino.

Nunca he preguntado su nombre

sólo lo supe por sus esperanzas

que se le enredan en sus cabellos

y de vez en cuando, en su risa.

Ella nunca le ha temido al espejo

su alma, desviviéndose por fluir como viento loco

y esa sonrisa que suele marchitar las palabras sin vida.

Siempre he querido descubrir su mundo

viajar entre sus selvas y estrellas

sin estallar en el momento,

pero cómo se puede conocer a una mujer áurea

sin tener que decir que se es sombra?.

Cómo atrevesar esa distancia que no deja de llamarme?

Amante de los animales que hablan su idioma

de los encantos del aire,

del mar y del campo que se confabulan por tenerla en sus márgenes

sus palabras hablan como vertientes venido de todos lados
con un signo que le habla a esa nostalgia que le cuelga por las noches
Ella es hermosa en su tristeza, bajo el rocío de las apariencias
Si tuviera que nombrarte con mis palabras
pobres serían ya que de sangre y dolor se han gestado.
¿Quién es ella que se pierde en el bosque de los encantos y en los sonidos del desierto?
¿La que hace palpitar el tiempo y lo vuelve vivo?
¿Cómo revelarte mi nombre mortal, sin destino y extraviado?



Contrapunto imitativo


Suelo medir el tiempo

con los colores que se deslizan en mis ojos.

Horrendo es saber

que cada medida

es una tensión que aúlla siglos

que cabalga enajenado por cada cabello que se despide

sin piedad,

como lo hacen las personas queridas

a través de ese beso

crucifijo de amor al que siempre se le ha temido.

Yo no quisiera encontrarme

en ese final armagedónico

donde los humanos, cual serpientes escarpadoras

se derriten como llamados por el agua.

No sé que se esconde

en las quijadas del tiempo

solo intuyo risas, locura y oscuridad.

Me consuelo el saber

que estoy más allá que más acá

sin despedidas de trasnoche

por que para medir el tiempo

se necesita una pluma

la pluma que nunca ha de caer.

Probabilidad


Tal vez,

tus ojos nunca han visto

ese gorrión que suele ir desnudo

posándose en los rabos de los arrepentimientos.


En cambio,

sueles ver bailar en acostumbrada gracia

el dia imperecedero

donde un cigarro

un juego de miradas

y alguna risa consabida

es la mejor apuesta de la vida.


De qué se abrazan los aguaceros?

de nuestras botas, que con llanto fingido

observan a esa muchacha que se refriega

contra ese astro que no quiere tener nombre?


Siempre hay torbellinos

que desnudan nuestros sesos

que se despegan del vals que llamamos dia.

Acaso, no todos vivimos en la caza de la muerte?


Es probable que nunca veas ese gorrión

que gira, que recorre distancias metódicas.

Es probable, que estas letras

hullan de tus ojos.